| La energía y el desarrollo |
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| Lunes, 15 de Febrero de 2010 23:26 | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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El progreso de la ciencia en los últimos siglos contribuyó a reducir el esfuerzo humano que habían requerido obras tan monumentales. Ya Goethe, hace dos siglos, exclamaba: “¿Qué es la vida sin la ciencia?” Y tal interrogante se formulaba cuando era desconocido todavía el secreto de la producción de energía mediante el uso de combustibles, que permitieron, primero, el descubrimiento de la energía del vapor y su aplicación a las máquinas. Las reservas de combustible de todo tipo que se pueden utilizar para la producción energética son extraordinarias, si se tiene en cuenta que las existencias de carbón, petróleo, gas, etc., aumentan constantemente con los nuevos descubrimientos que se realizan a diario en todo el planeta. Sin embargo, dado el carácter extractivo de la explotación para el consumo de combustibles orgánicos, es una preocupación permanente de los científicos, investigadores y planificadores imaginar qué ocurriría el día en que tales reservas tendieran a disminuir y aun a extinguirse. Este es un problema de gran actualidad. Un nuevo y asombroso descubrimiento, el de la energía encerrada en el átomo, ha ampliado las perspectivas del aprovechamiento energético. Al quemar un kilogramo del mejor combustible orgánico (petróleo) se desprenden 11,6 kilovatios-hora de energía. En el proceso de fisión de núcleos de uranio, considerada la misma unidad de peso, la energía liberada es de 22.900.000 kilovatios-hora, es decir, aproximadamente dos millones de veces más. Tratándose de la fusión del núcleo de hidrógeno, también en la cantidad considerada, se produce un caudal de energía de 117.500.000 kilovatios-hora, o sea, aproximadamente, diez millones de veces más que al quemar petróleo. Puede afirmarse hoy, en presencia de los últimos avances de la producción de energía nuclear, que las perspectivas de desarrollo hacen casi inagotables las reservas de este tipo. La petroquímica y la carboquímica permiten extraer del carbón y del petróleo miles de subproductos o de productos derivados, que tienen un valor económico enorme, pues se utilizan en la elaboración de elementos sintéticos que tienen vasta aplicación en la fabricación de tejidos, caucho artificial, colorantes y pinturas y una infinita gama de plásticos que sustituyen ya con ventaja a muchos metales, maderas y otros elementos naturales. El sabio ruso Mendeléev, al señalar el extraordinario valor de este importante elemento orgánico, expresó que quemar petróleo era como quemar billetes de banco. Ante tal premisa recobra toda su significación el uso de otros medios de producción de energía eléctrica. Adquiere entonces su verdadera importancia la hidroelectricidad, la energía de las mareas o mareomotriz, la del viento o la eólica y la de rayos solares, que por su carácter imperecedero y por la economía de su explotación, tienen una superioridad evidente con respecto a la generación térmica de energía eléctrica. Y las investigaciones en otros terrenos continúan. Importancia del sector energético. Es de señalar la importancia de este sector en su contribución al progreso del país, dado que su influencia actúa directa e indirectamente en el aumento de todas las actividades productivas. Argentina es un país cuya tasa de crecimiento no está de acuerdo con sus índices potenciales, que debe tomar una serie de medidas para imprimir a su desarrollo una velocidad tal, que pueda proyectarse por la vía del progreso económico y social. Existen las condiciones para ello en la medida que se reaccione en forma enérgica frente a los pasos negativos que se han llevado a cabo en los últimos veinte años. El desarrollo de las fuentes de energía es un factor de vital importancia. Pero no es el único. Como expresó la “Organización Europea de Cooperación Económica”, “el agua y las materias primas, la calificación del capital humano, los medios de transporte, la fertilidad del suelo y la variedad del clima, desempeñan también su papel, pero en último término, la posibilidad de disponer de una cantidad suficiente de energía es una condición necesaria a todo desarrollo”. Programación energética y proyección de la demanda Dada la clara dependencia entre desarrollo económico y desarrollo energético, surge el primer problema para todo programador: disponer de un plan económico nacional que evalúe la demanda energética futura, su localización y en especial la demanda eléctrica. Esto posibilita el estudio, la selección y programación de centros de generación y sistemas de transmisión y/o transporte y distribución óptimos a las necesidades del país. Es de pretender, que definitivamente se estudie y encare -algunos pasos se han dado- un real plan de desarrollo, con criterio nacional, que permita salir de la situación económica actual, fijando metas de corto, mediano y largo plazo. Debemos señalar dolorosamente que en Argentina se ha hablado con exceso de planes, pero nunca los hemos tenido en la verdadera acepción del vocablo. Creemos necesario insistir en la importancia fundamental de una planificación concebida con criterio moderno, utilizando los recursos operativos que suministra la alta tecnología actual, basada en el uso de computadoras electrónicas, y partiendo del hecho esencial de que las principales palancas de la planificación deben estar al servicio de la economía y concurrir al éxito de sus resultados. Los fracasos reiterados de los sucesivos y a veces superpuestos planes denominados de desarrollo económico, que se han elaborado en nuestro país desde hace décadas, radican en su excesivo verbalismo y en su característica común meramente orientadora e indicativa. Cabe agregar que el sistema de la libre empresa, la vigencia cada día más creciente de los monopolios internacionales, que no se sujetan a las indicaciones de la planificación, determinan su inevitable fracaso. La previsión, con suficiente anticipación, particularmente para la demanda electroenergética, se debe a ciertas características propias de este sector, que son: La oferta de energía se debe adelantar a la demanda (en sus dos formas, de bien de consumo final y su utilización como factor de producción); período de tiempo grande entre la decisión de construir una instalación de generación y el momento que entra en servicio; las inversiones de capital son elevadas (alta densidad de capital por unidad de producto); imposibilidad de almacenar el producto; tiene un alto grado de dinamismo aún en épocas de crisis. Hoy estos problemas se agravan, dado que el país ha entrado en un período de crecimiento del PBI; hay mayor producción, que genera creciente demanda, pero no hay planes de corto, mediano y largo plazo que resuelvan la situación que nos ha llevado a una virtual emergencia nacional. La crisis energética Argentina no puede ser considerada en la actualidad como un país petrolero ni gasífero. Según últimas consideraciones, nuestras reservas son para el petróleo, 10 años y para el gas, 17 años. Sin embargo el 90% de la energía que se produce y consume es petróleo y gas natural. De aquí se deduce, la necesidad de buscar fuentes alternativas. (Cuadro 1) Fuente: Secretaría de Energía de la Nación.
Si no seguimos explorando, las mencionadas reservas se agotarán y terminaremos en lo peor que nos pueda ocurrir: pasaremos a ser importadores de hidrocarburos.
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| Actualizado ( Lunes, 15 de Febrero de 2010 23:27 ) | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||